Me cago en la RENFE. Perdón: me cago en todos los que trabajan en su web uno a uno. ¿Pero yo qué te he hecho a ti, vamos a ver? Soy un puto friki de los trenes, nieto de ferroviario, dispuesto a tragarme tres cuartos de hora más de lo que debería tardar el viaje de Madrid a Salamanca sólo por amor al arte. También estoy preparado para soportar los retrasos más insoportables y a continuación las excusas más insospechadas. Por si fuera poco, soy de los que luego ni siquiera se acercan a la ventanilla de reclamaciones por pereza, mi pecado alfa dominante. Y porque todo eso lo tengo asumido: llevo muchos años viajando en tren y soy consciente de la carga de fe que ello requiere. Pero lo de la página web juega en otra división.
Que en el año 2010 te obliguen a funcionar por cojones con el asqueroso IE Explorer ya toca un poco lo que viene siendo la huevada. Que te puteen poniéndote ofertas relocas que luego resulta que no existen podría ser denunciable (¡maldita pereza!). Que la web de los ferrocarriles franceses, o la de los portugueses, o la de los alemanes, o la de los italianos y apuesto a que también la de los albano-kosovares, funcione mejor que la de la RENFE debería ser motivo de dimisión para alguien (sobre todo por lo de los franceses). Que sean las 22:45 de hoy, domingo 27 de Enero, y no funcione el sistema -one more time, baby- quieras que no, hincha las pelotas. Que te prometan que puedes sacar billetes con no sé cuantos meses de antelación y ahora mismo no estén cargados muchos horarios más allá del 31 de Enero, no te creas tú que preocupa a algún responsable de algo. Que llevemos aguantando estas historias y otras similares desde el día que se inauguró la página, manda huevos. Que me obliguen a imprimir el billete (no como hace unos años, que podías subir al tren con el localizador; demasiado moderno: lo quitaron) y me digan que no me preocupe, que puedo imprimírmelo en las máquinas de la estación y que llegues y no funcione ninguna, y nadie atienda tu reclamación, y pierdas el tren y no te devuelvan el dinero es para echarte a la bebida a no más tardar.
Que te cuenten que puedes elegir el asiento y que luego no puedas porque no usas el puto IE Explorer es publicidad engañosa. Que para ir a París tenga que sacarme el billete desde la web francesa para evitarme sobresaltos no ayuda a conservar la fe en la patria que me vio nacer. Que todos estos desmanes y muchos otros que vendrán estén subvencionados con mi dinero -y el tuyo- podría ser causa de ingreso inmediato en La Colifata. Que lleven prometiendo una nueva web un año y pico y sigan sin estrenarla es algo que en el futuro se estudiará en las escuelas de marketing. Que a estas alturas, además, sigan sin tener competencia pone un poco de los nervios. Y que yo, después de todo lo antedicho y lo que está por venir, siga cogiendo el tren como si no hubiera Dios, viene a confirmar esa teoría que circula por ahí y que propugna que soy gilipollas.
Menos mal que, gracias a los responsables de la web de RENFE, no me siento solo.

